Los profesionales de la Psicología que abordamos dificultades del comportamiento o problemas en el ámbito académico de niños y adolescentes, trabajamos con múltiples variables. Éstas suelen ser muchas veces los motivos de consulta de nuestros usuarios. Por ello, en nuestros casos, incluimos todo tipo de variables: cognitivas e intelectuales, emotivas, motivacionales, historia de aprendizaje, estilos educativos familiares, patrones de conducta, etc. Además debemos incluir variables explicativas personalizadas en función de cada caso. Todo ello genera modelos complejos, dinámicos y extensos que debemos explicar. En nuestra realidad profesional, encontramos con frecuencia que muchas familias y docentes utilizan explicaciones basadas en «la autoestima».

Esta capacidad de la autoestima para ser accesible a las interpretaciones realizadas por múltiples personas, por encima, incluso, de variables internas como la capacidad intelectual, o externas, como el estatus socioeconómico, ha motivado la escritura de esta entrada. En ella vamos a analizar e intentar responder a las siguientes cuestiones:

  1. ¿Cuál es el efecto de la autoestima en los problemas del comportamiento?
  2. ¿Cuál es el efecto de la autoestima en el rendimiento académico?
  3. ¿Por qué la autoestima se reconoce socialmente como una causa muy relevante en los problemas escolares?

Comenzaremos este recorrido definiendo el concepto de autoestima. El vocablo “autoestima” hace referencia a la valoración que las personas hacen de sí mismas. Al tratarse de un concepto totalmente subjetivo, puede hacer referencia a habilidades o capacidades objetivas, pero también a valoraciones distorsionadas, incluso patológicas. Al valorar el efecto de la autoestima, debemos estudiar el efecto de estas percepciones sobre la realidad objetiva de las personas [1]. Veamos el efecto que puede ejercer en los problemas del comportamiento.

Algunos estudios indican que la baja autoestima se relaciona de forma directa con los problemas de comportamiento (Donnellan et al., 2005). Otras investigaciones plantean que la autoestima no parece asociarse de manera directa con los problemas de conducta en el aula, pero sí el narcisismo, que puede considerarse una manifestación distorsionada de la autoestima (Hiemstra et al., 2020). Esto podría parecer extraño, si pensamos en el narcicismo como una manifestación de la elevada autoestima. Sin embargo, existen planteamientos que interpretan la autoestima como una estrategia frente al intenso sentimiento de inferioridad que puede experimentar una persona [2]. Una última postura en la investigación propone que la autoestima tiene un efecto de mediación sobre los problemas del comportamiento. Por ejemplo, Mihalec-Adkins y Cooley (2019) [3] propone que la elevada autoestima promueve el compromiso con la escuela, disminuyendo la frecuencia de problemas del comportamiento. Podemos observar que los grupos de investigación no tienen una conclusión al respecto.

¿Qué ocurre en el caso del rendimiento académico? Antes de hablar de las relaciones entre rendimiento académico y autoestima, debemos aclarar que los resultados en evaluaciones académicas son sólo una de las variables a tener en cuenta. La implicación en el aprendizaje, el uso de estrategias dirigidas a dominar los conocimientos y a obtener un conocimiento profundo, no siempre conlleva la obtención de buenos resultados en las evaluaciones académicas. Una vez realizada esta puntualización, repasaremos los resultados obtenidos en las investigaciones realizadas.

Una de las primeras conclusiones que resulta llamativa al estudiar los modelos que explican el rendimiento académico es que no incluyen a la autoestima [4] [5] [6] [7] [8]. Es mucho más común encontrar como variable al “autoconcepto académico”. El autoconcepto hace referencia al conjunto de creencias que cada persona tiene sobre sí misma, sobre sus cualidades y defectos y sobre su identidad. El autoconcepto académico hace referencia a las creencias en torno a las habilidades académicas. Por ejemplo, si se tiene mayor o menor habilidad en una asignatura concreta. De manera general, los modelos señalan al autoconcepto académico como una variable que influye sobre el esfuerzo empleado por el alumnado, teniendo un efecto indirecto sobre el rendimiento. Las habilidades cognitivas y/o intelectuales y los factores motivacionales muestran un efecto mucho mayor sobre el rendimiento académico que el autoconcepto. Además, recientes investigaciones muestran que es el rendimiento académico el que influye sobre el autoconcepto y no viceversa.

Podríamos concluir que la relación entre autoestima y problemas escolares es mucho menos sólida de lo que podríamos esperar a priori. Entonces, ¿por qué la autoestima se reconoce socialmente como una causa muy relevante en los problemas escolares?

A partir de 1970, las autoridades y los científicos estadounidenses comenzaron a interesarse mucho por la autoestima. Se consideraba la principal causa de muchos problemas sociales, como el menor éxito académico de las personas negras frente a las personas blancas, el abuso de drogas o la elevada criminalidad de algunos distritos. Sin embargo, estas asunciones sólo se sustentaban en estudios correlacionales. Este tipo de investigaciones pueden identificar patrones de relación, pero no identificar causas. A pesar de ello, como argumentan Baumeister y colaboradores (2005) [9], todos poseemos una intuición acerca de la importancia de la autoestima para nuestra salud psicológica. Esta intuición nos lleva a considerarla como causa fundamental de problemas individuales y sociales.

Sin embargo, que tengamos esa impresión subjetiva, no implica que se trate de una realidad. De hecho, los datos acumulados han evidenciado la escasa validez de muchas de estas suposiciones. Esto motivó que Nina Rees, actual presidenta de la National Alliance for Public Charter Schools, publicara un artículo en el que argumentaba en contra de la conceptualización de la autoestima como una variable relevante para el éxito académico [10]. Dicho texto tuvo cierta repercusión y, tras su publicación en 1996, se volvió a publicar en USA Today Magazine en 1998. La autora se refería en este artículo al “Fraude de la autoestima”. De forma similar, Baumeister y colaboradores (2005) se refirieron al “Mito de la autoestima” en su artículo en Scientific American.

Nuestra opinión al respecto es que la idea de autoestima conjuga muy bien con procesos automáticos de nuestra mente. Una posible interpretación la encontramos en el heurístico de accesibilidad. Nos hemos referido a los heurísticos como herramientas para decidir con mayor rapidez en entradas anteriores (http://alterpsicologia.es/2018/03/23/decisiones-heuristicos/). El heurístico de accesibilidad conlleva que estimamos la probabilidad de un hecho en función de lo rápido que aparezcan ejemplos en nuestra cabeza. Dado que intuimos con facilidad que la autoestima es importante para nosotros, es fácil que aparezca como interpretación de las dificultades que vemos a nuestro alrededor. Además, también puede actuar el error fundamental de atribución. Este mecanismo consiste en explicar las acciones ajenas en función de factores internos a la persona, obviando las circunstancias del contexto. Estas dos tendencias naturales han sido muy bien capitalizadas por el marketing.

En la última década nos han inundado con mensajes directamente relacionados con nuestra valía personal. El uso de estos eslóganes en ropa, tazas, carcasas de móviles, etc., es algo cotidiano. Por tanto, nos encontramos con un mecanismo automático que ha sido reforzado de múltiples formas.

Cuando decimos que los resultados no son concluyentes, no excluimos la posibilidad de que la autoestima tenga un papel importante en el desarrollo de la faceta académica. De hecho, estudios recientes y de una gran calidad estadística así lo señalan. Es más, como indican Orth y colaboradores (2012) [11], aunque la autoestima no tuviese una relación causal con ninguna faceta del rendimiento, tener una valoración positiva de uno mismo, parece un fin lo suficientemente importante como para promoverlo.

Entonces, ¿qué podemos concluir? Por una parte consideramos importante señalar que, en ocasiones, las suposiciones parecen más reales sólo porque encajan con nuestras percepciones o creencias. Debemos tener cuidado al aplicar estas consideraciones erróneas a campos tan importantes como la Educación. Por otra parte, cuando valoramos un hecho tan complejo como pueden ser los problemas del comportamiento en contexto académico, o las dificultades de rendimiento, debemos contemplar múltiples variables. De lo contrario, perdemos la capacidad de adaptarnos a la persona y disminuye la eficacia de las acciones que dirigimos a mejorar la situación.

 


  • [1] Baumeister, R.F., Campbell, J.D., Krueger, J. L. y Vohs, K.D. (2003) Does High Self-Esteem Cause Better Performance, Interpersonal Success, Happiness, or Healthier Lifestyles? Psychological Science in the Public Interest, 4(1),1-44. doi:10.1111/1529-1006.01431
  • [2] Donnellan, M. B., Trzesniewski, K. H., Robins, R. W., Moffitt, T. E., & Caspi, A. (2005). Low Self-Esteem Is Related to Aggression, Antisocial Behavior, and Delinquency. Psychological Science16(4), 328–335. https://doi.org/10.1111/j.0956-7976.2005.01535.x
  • [3] Cooley, M. E., Mihalec-Adkins, B. P., y Womack, B. (2020). The Relational Context of School Engagement and Associations With Youth Behaviors. Journal of Emotional and Behavioral Disordershttps://doi.org/10.1177/1063426620945686
  • [4] Burns, R. A., Crisp, D. A., y Burns, R. B. (2020). Re-examining the reciprocal effects model of self-concept, self-efficacy, and academic achievement in a comparison of the Cross-Lagged Panel and Random-Intercept Cross-Lagged Panel frameworks. The British journal of educational psychology90(1), 77–91. https://doi.org/10.1111/bjep.12265
  • [5] Guay, F. y Vallerand, R.J. (1996). Social context, student’s motivation, and academic achievement: Toward a process model. Social Psychology of Education 1211–233 https://doi.org/10.1007/BF02339891
  • [6] Miñano, P., Gilar, R., y Castejón, J. L. (2012). Un modelo estructural de variables cognitivo-motivacionales ex- plicativas del rendimiento académico en Lengua Española y Matemáticas. Anales De Psicología / Annals of Psychology28(1), 45-54. Recuperado a partir de https://revistas.um.es/analesps/article/view/140512
  • [7] Marsh, H., & Yeung, A. (1998). Longitudinal Structural Equation Models of Academic Self-Concept and Achievement: Gender Differences in the Development of Math and English Constructs. American Educational Research Journal, 35(4), 705-738. Retrieved November 22, 2020, from http://www.jstor.org/stable/1163464
  • [8] Peng, P. and Kievit, R.A. (2020), The Development of Academic Achievement and Cognitive Abilities: A Bidirectional Perspective. Child Dev Perspect, 14: 15-20. https://doi.org/10.1111/cdep.12352
  • [9] Baumeister, R. F., Campbell, J. D., Krueger, J. I. y Vohs, K. D. (2005).Exploding the self-esteem myth. Scientific American, https://www.scientificamerican.com/article/exploding-the-self-esteem-2005-12/
  • [10] Nina Shokraii (1996). The Self-Esteem Fraud: Why Feel-Good Education Does Not Lead to Academic Success. Center for Equal Opportunity, Washington, DC.
  • [11] Orth, U., Robins, R. W., & Widaman, K. F. (2012). Life-span development of self-esteem and its effects on important life outcomes. Journal of Personality and Social Psychology, 102(6), 1271–1288. https://doi.org/10.1037/a0025558