Generalmente, nuestras entradas nacen de la intención de querer hablar acerca de un concepto o de exponer una dinámica psicológica que nos resulta relevante. Sin embargo, en este caso la entrada responde a una experiencia más personal.

Recientemente hemos acudido a la exposición “Estigma” de la artista Gara Acosta. Esta experiencia podemos intentar simplificarla a partir de dos facetas: desde el punto de vista intelectual resulta muy interesante, mientras que desde un punto de vista emocional, es especialmente intensa. Nuestras opiniones personales preferimos obviarlas, dado que es una experiencia que merece la pena vivir sin sesgos ni condicionantes. Por ello animamos a nuestros lectores a hacerlo y vivirlo por sí mismos.

Además, pudimos conectar con una serie de conceptos psicológicos muy relacionados con el arte:

  • «En ocasiones a lo literal le falta significado» 

Muchas veces en los procesos terapéuticos, a las personas les cuesta expresar las experiencias que tienen (o han tenido) a través de sus palabras. Es bastante común observar en sus gestos o los cambios en su postura o expresiones faciales mucha información. De hecho, revelan mucha más información sobre lo que han vivido que las descripciones verbales. Este lenguaje no verbal es el símbolo que permite que el terapeuta y la persona compartan un significado de forma más directa e inmediata. No hace falta que medie el lenguaje verbal.

Tuvimos una experiencia similar mientras recorríamos y analizábamos las obras expuestas. Cada una de ellas incluía múltiples metáforas visuales y escritas que nos permitía conectar de una manera muy directa con la experiencia expresada en la obra. Esa capacidad de las metáforas para crear una vía rápida de acceso a los significados es una herramienta esencial de la terapia psicológica [1]. Además, tiene otras utilidades. Como curiosidad anecdótica, les remitimos a la tesis doctoral de María Luque Colmenero (2019), donde se explora la posibilidad de utilizar las metáforas para traducir las obras de los museos para personas con discapacidad visual [2].

  • «Lo que nos rodea está también en nuestro interior»

La manera en la que las estructuras sociales y culturales influyen sobre nuestro comportamiento es la razón de ser de la psicología social. Es imposible entender el comportamiento humano de una manera ajena al contexto sociocultural en el que se desarrolla. En nuestro desarrollo, todas las personas asimilamos marcos comunes para interpretar el mundo. Interiorizamos lo que está bien o mal, lo aceptable o no, lo que se espera de nosotros, etc. Utilizamos esta información, entre otras cosas, para generar expectativas o valorar el comportamiento (propio y ajeno). No obstante, aunque es un proceso necesario para procesar información y adaptar nuestra conducta, puede dar lugar a mucho malestar y problemas.

Generalmente estos problemas derivan de la confrontación con motivaciones humanas básicas, como la autonomía o la vinculación emocional. Esta dinámica de conflicto se encuentra expresada de una forma muy intensa en “Estigma”.

  • «Las descripciones no son excusas»

Los cambios de comportamiento son tremendamente costosos. Hay argumentos neurobiológicos, neuropsicológicos, cognitivos y sistémicos que explican el enorme esfuerzo necesario para modificar nuestro comportamiento. Es muy probable que esto explique, al menos en parte, que todas las personas somos muy buenas encontrando justificaciones para nuestro comportamiento y su mantenimiento en el tiempo. Aunque se trata de un mecanismo general y esperable, puede convertirse en un problema. Veámoslo con un ejemplo sencillo:

Una persona que mostrase una elevada preocupación, indecisión, problemas de concentración y nerviosismo, podría ser diagnosticada de un trastorno de ansiedad. Probablemente, si una persona de su entorno le preguntase qué le ocurre, esa persona respondería “tengo ansiedad”. Es decir, una etiqueta descriptiva se ha convertido en la explicación del comportamiento de la persona.

Wells (2009) [3], al describir el tratamiento metacognitivo de los trastornos emocionales, señala que este proceso puede ser una traba muy intensa para el cambio del comportamiento y, por tanto, para la respuesta al tratamiento psicológico. Es importante recordar que describir un comportamiento no es lo mismo que explicar su causa, ni, mucho menos, una justificación. Este es un tema muy interesante al que dedicaremos entradas en el futuro, pero el ejemplo es pertinente para comprender que excusarse usando estas descripciones, puede limitar el cambio del comportamiento de las personas que lo necesitan.

Este conflicto queda patente en la exposición y permite comprender que esos límites deben romperse para dar lugar a un cambio significativo.

Les animamos a analizar estos procesos por su cuenta. Recomendamos que visiten a la autora de la exposición «Estigma» en sus redes sociales (instagram y facebook). Además, podrán encontrar algunas de sus obras en Mekarte hasta el 20 de enero.

Aprovechamos para agradecer a Gara Acosta esta vivencia.

 


 Autora de las ilustraciones: Gara Acosta

  • [1] Moix, J. (2006). Las metáforas en la psicología cognitivo-conductual. Papeles del psicólogo, 27(2), 116-122.
  • [2] https://digibug.ugr.es/handle/10481/55493
  • [3] Wells, A. (2009). Terapia metacognitiva para la ansiedad y la depresión. Desclée De Brouwer.