Anteriormente, hablamos sobre las bases neuropsicológicas de la lectura y los diferentes modelos existentes para explicar las dificultades que pueden aparecer en este complejo proceso. En esta ocasión hablaremos del proceso de escritura.

Tomaremos como ejemplo una tarea de dictado. En estas tareas, llevamos a cabo la escritura a partir de un estímulo sonoro emitido por otra persona. El proceso se inicia con la decodificación sonora y el acceso al significado, que involucran a regiones temporales y temporo-parietales, que ya nombramos al hablar del proceso de lectura. Las regiones temporales medias y superiores se ocupan de la decodificación del sonido e inician la activación del significado de la palabra.

La información se envía al giro angular, que actúa como nexo de unión entre las áreas temporales y las áreas parietales superiores y frontales. Las áreas parietales superiores se ocupan de la organización espacial de los signos gráficos. Las regiones frontales se ocupan de la organización y ejecución de los movimientos necesarios para escribir.

disgrafía cerebro

Para que el proceso de escritura ocurra de manera adecuada, sus distintas fases deben darse en consonancia y de forma efectiva. Un error en cualquiera de ellas puede acarrear problemas en la escritura. Puede afectar a la composición de la palabra, en la organización espacial de la escritura o aparecen errores de escritura relacionados con el significado de la palabra (como el intercambio de una palabra por otra).

Hay múltiples mecanismos cognitivos interviniendo en el proceso de escritura. Es preciso atender a los estímulos sonoros. Debemos focalizar y sostener nuestra atención, inhibiendo al resto de estímulos del ambiente. Además, tenemos que emplear la memoria de trabajo, que nos permite mantener y manipular información en la consciencia. También es necesario monitorizar nuestras acciones, para detectar errores motrices o semánticos y corregirlos. Estos procesos involucran a regiones frontales y parietales, que interactúan entre ellas para ejecutarlos.

Dado que los procesos de lectura y escritura comparten componentes, los errores identificados en un proceso pueden trasladarse al otro. Por ello, las personas con dificultades de lectura suelen presentar problemas en la escritura y viceversa.

En la próxima entrada nos detendremos en el tipo de dificultades que pueden presentarse en la escritura.