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Nos gustaría que imaginases un pequeño grupo de seres humanos, unas ochenta personas en total. Este grupo vive en un poblado situado en un valle acotado por montañas y rodeados de árboles. Cada mañana, una parte del grupo se adentra en el bosque en busca de leña y comida. Otra parte busca agua e intenta cazar. El resto del grupo permanece en el poblado haciendo otras labores (limpieza, preparación de alimentos, planificación, educación,…).

Aunque las actividades son limitadas, todos participan en ellas en función de las apetencias, el cansancio o el estado de salud. Esto hace que todos tengan la oportunidad de llevar a cabo sus actividades de forma exitosa. Además, todo el grupo comparte lazos familiares. Hay hermanos y hermanas, tíos, primas,… Cuando hay rencillas, los mayores del grupo organizan rituales de conciliación, en los que todos danzan para pedir paz a sus dioses. Esto suele solventar los problemas. Por ello, la cohesión grupal es muy alta.


En el texto anterior se ejemplifica, de una manera muy simplificada, la manera de funcionar que tenían las primeras agrupaciones humanas. Estas agrupaciones se caracterizaban por la existencia de un lazo familiar común, la solidaridad social, la participación en rituales y la reciprocidad (incluyendo la venganza como práctica habitual).

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Los psicólogos evolucionistas apuntan a que, en este tipo de agrupamiento, los seres humanos podían cubrir sus necesidades de competencia, relación y autonomía en mayor medida que en las sociedades actuales. Las actividades podían realizarlas todos los participantes de manera efectiva. Los logros se interpretaban como grupales, lo que favorecía la consecución de la necesidad de competencia. Además, los lazos familiares, los valores y las ceremonias compartidas, cumplían con la necesidad de relación.

En cuanto a la necesidad de autonomía, recordemos que hace referencia a la acción libre en coherencia con nuestros valores. Esto implica que, en un grupo en el que sus integrantes se sienten ampliamente identificados con los valores compartidos, la necesidad de autonomía es fácilmente cubierta. Por el contrario, la multiplicidad de valores, el relativismo y la contraposición ideológica, dificultará el cumplimiento de esta necesidad.

En la sociedad actual, caracterizada por la individualidad, el aislamiento dentro de los núcleos urbanos, el relativismo y la contraposición ideológica, el cumplimiento de las necesidades se hace más complejo. Esto tiene un impacto directo sobre nuestra experimentación de felicidad.

Nos gustaría aclarar que este texto no es un manifiesto en contra del estilo de vida actual, ni una visión idealizada de los primeros agrupamientos humanos. Simplemente queremos señalar que los cambios sociales, económicos y tecnológicos han generado avances incuestionables en la salud y la calidad de vida de las personas. Sin embargo, han supuesto un cambio muy intenso en poco tiempo, lo que dificulta la adaptación de los sistemas biológicos y psicológicos. Este desajuste se considera una causa del incremento progresivo de la prevalencia de los trastornos emocionales.

En la siguiente entrada abordaremos uno de los cambios que se han producido y su efecto sobre la experiencia emocional de las personas.