Pedro ha tenido una fuerte discusión con su padre. Se ha hartado de sus continuos desprecios y ha estallado. Su hermano y su madre han intentado intervenir para apaciguar los ánimos. Sólo han recibido gritos por ambas partes. Ahora, tres días más tarde, Pedro no para de revivir la experiencia en su mente. Se repite constantemente que debió actuar diferente. Piensa que «siempre ha sido un inútil» y que su padre «nunca se ha sentido orgulloso de él».

Laura ha llegado a la fase final en la selección para un trabajo que deseaba. El proceso ha durado seis meses y se ha esforzado al máximo en cada fase. Con cada avance, se sentía más confiada y un paso más cerca del trabajo de sus sueños. Sin embargo, cometió un error en la última prueba y la eliminaron. No podía creérselo. Lo había practicado mil veces… A pesar del golpe, tomó la decisión de aprender algo de la experiencia. Había aprendido mucho en este tiempo y ahora estaba más preparada que nunca. No volvería a cometer ese error. La próxima vez, iba a conseguirlo. 


En los fragmentos anteriores se ejemplifican dos situaciones que generan malestar emocional. No se cumple la necesidad de relación de Pedro, ni la necesidad de competencia de Laura. Ambos han experimentado emociones desagradables. No obstante, en el primer caso el efecto del estado de ánimo es mayor. ¿A qué se debe? En la primera situación, el protagonista emplea la rumiación y la autopunición como estrategias de afrontamiento cognitivo. En la segunda, la protagonista emplea la reevaluación positiva.

Estas estrategias de afrontamiento son sólo algunas de las que pueden emplearse. Analicemos en qué consisten las más aceptadas por la investigación:

Fotografía de Glen Carrie en Unsplash

  • Autopunición: asumir la culpa por lo ocurrido y castigarse por ello.
  • Culpar a otros: situar la responsabilidad del suceso en otros o en el entorno.
  • Rumiación: focalizarse en la situación ocurrida y en las sensaciones asociadas.
  • Catastrofización: enfatizar las características negativas de lo ocurrido y sus consecuencias.
  • Poner en perspectiva: relativizar lo negativo de la situación experimentada y sus consecuencias.
  • Refocalización positiva: centrarse en situaciones o vivencias positivas que no tengan nada que ver con el hecho desagradable experimentado.
  • Reevaluación positiva: reinterpretar la experiencia desagradable a partir de las aportaciones positivas que pueda tener.
  • Aceptación: dirigir el pensamiento hacia la tolerancia de lo sucedido, sin intentar cambiarlo o negarlo.
  • Planificación: centrarse en los pasos necesarios para evitar el suceso desagradable o atenuar sus consecuencias.

No todas las estrategias de regulación tienen el mismo efecto sobre el estado emocional. La rumiación, la catastrofización y la autopunición muestran una intensa relación positiva con la sintomatología depresiva (cuanto más se usan, mayor intensidad de los síntomas depresivos). Por el contrario, la reevaluación positiva o la planificación, guardan una relación negativa con la sintomatología depresiva (a mayor uso, menos intensidad de los síntomas).

La experimentación de alegría no sólo depende de la consecución de necesidades. Implica a la interpretación que hacemos de las experiencias desagradables que hemos vivido. Entonces, ¿todo depende de lo que pensamos? No. El comportamiento humano siempre debe analizarse atendiendo a las facetas cognitiva (lo que pensamos), fisiológica (cambios en el estado físico-químico del organismo) y comportamental (lo que hacemos).

¿Puede nuestro comportamiento protegernos de los estados emocionales desagradables? Lo analizaremos en la próxima entrada.