Raúl se siente incómodo con su cuerpo. En los últimos meses ha estado sometido a mucho estrés laboral. Esto ha repercutido en sus hábitos alimenticios y de ejercicio físico. Además, el estrés hace que pique entre horas y ha subido varios kilos. Esto le incomoda mucho. Le hace recordar la época del instituto, en la que muchos compañeros y compañeras se metían con él por su peso. Para intentar remediar la situación, ha comenzado a buscar rutinas de ejercicios a través de las redes sociales. Sin embargo, ver que «todos están tan bien físicamente…» le ha provocado malestar. Piensa que hay algo mal en su cuerpo o en él: «siempre he sido débil», «no tengo fuerza de voluntad», «tengo un cuerpo horrible», etc. Sus pensamientos se mantienen en bucle, mientras observa las fotografías. Cada vez se siente peor…


Imagen de Edar en Pixabay

Las sociedades actuales están inundadas de imágenes que fomentan la realización de comparativas. El efecto que tiene la exposición prolongada a imágenes en las que aparecen personas atractivas, exitosas y poderosas se conoce desde hace décadas. Quienes observan estos estímulos tienden a hacer comparaciones con esas imágenes y vídeos. Esto hace que las personas hagan valoraciones más negativas sobre sí mismas.  Hoy en día, estamos muy expuestos a estos estímulos a través de las redes sociales, lo que incrementa la probabilidad compararse.

En el caso de la necesidad de competencia, se ha expuesto que la existencia de referentes exitosos puede fomentar la motivación de las personas por conseguir logros. Para ello debe producirse identificación con el modelo. Sin embargo, cuando se persigue un objetivo y existen muchos competidores, la realización de comparaciones puede tener un efecto negativo sobre la motivación.

Las imágenes y vídeos compartidos a través de las redes sociales exponen escenas en las que se comparten experiencias con otras personas. Estas escenas muestran estados emocionales agradables y resaltan el apoyo y los lazos emocionales compartidos por los participantes. La realización de comparativas puede llevar a las personas a juzgar que no tienen las suficientes interacciones y que la calidad de las mismas es inferior a lo que debería.

Por tanto, las redes sociales podrían ejercer un efecto de interferencia sobre la consecución de necesidades. Esto incrementa la frecuencia e intensidad de estados emocionales desagradables. Sin embargo, es necesario puntualizar que su efecto no es siempre negativo. Numerosos estudios han mostrado su capacidad para facilitar y fomentar la socialización.

Por tanto, ¿qué hace que las redes tengan un efecto negativo o positivo? Los resultados de la investigación actual plantean que el efecto puede deberse al uso de determinadas estrategias de afrontamiento cognitivo. En la próxima entrada profundizaremos en estas estrategias y en sus efectos sobre el estado emocional.