Alejandro, un niño de cinco años, se acerca a la mesa para coger su coche de juguete favorito. Al extender el brazo se da cuenta de que no llega. Lo intenta en varias ocasiones sin lograrlo. Entonces, se fija en un taburete, lo coge y lo sitúa delante de la mesa. Apoya una rodilla en el taburete y se extiende sobre la mesa, cogiendo el juguete.

Fotografía de Caterina Berger en Unsplash

Estefanía tiene dieciséis años. Está algo triste porque ha intentado organizar una fiesta de cumpleaños con sus amigos y amigas, pero todo el mundo le ha dicho que no podía asistir. «Quizá otro año», se repetía Estefanía de camino a casa. Cuando llegó, le llamó la atención que no hubiese nadie, lo que la hizo sentir aún peor. “Qué se le va a hacer…”. Fue a la cocina y bebió un poco de agua, luego se dirigió al salón por el pasillo. Justo cuando encendió el interruptor del salón escuchó un sonoro «¡¡¡Felicidades!!!». Allí estaban todos: su familia y todos sus amigos y amigas. Le habían organizado una fiesta sorpresa.

María ha trabajado muy duro durante meses para realizar la presentación de su planificación para el nuevo proyecto de la empresa. Ha calculado todo al detalle para que no haya errores. Ahora, delante de la dirección y de sus compañeros y compañeras, no puede evitar sentir nervios, pero también muchas ganas de demostrar el valor de sus ideas. Mientras habla, observa los asentimientos y sonrisas de aprobación de todo el equipo. Esto la anima a continuar. Cuando llega al final y agradece la atención, escucha un sonoro aplauso. La directora de su sección se acerca y le da un abrazo mientras le dice que ha hecho un trabajo increíble.


Podríamos pensar que estas tres historias son muy diferentes entre sí. Esta observación es cierta si atendemos a los contextos y situaciones que ocurren. Sin embargo, hay algo en lo que todas coinciden: sus protagonistas experimentan alegría al finalizar cada historia.  Esta coincidencia se debe a que la alegría puede tomarse como un indicador de haber cubierto necesidades psicosociales.

Existen múltiples modelos de las necesidades humanas. Por su relación con la experimentación de alegría, nos centraremos en el modelo de la teoría de autodeterminación propuesta por Deci y Ryan (2012). Dentro de este marco teórico cobran gran importancia tres tipos de necesidad: competencia, relación y autonomía.

  • La necesidad de competencia hace referencia a nuestro impulso natural por controlar nuestra experiencia, consiguiendo logros a través de nuestras habilidades y capacidades.
  • La necesidad de relación se refiere a nuestra tendencia a acercarnos a los demás para establecer interacciones y lazos emocionales. La búsqueda de apoyo y cuidado mutuo son características básicas de esta necesidad.
  • Finalmente, la autonomía se corresponde con nuestra necesidad para actuar libremente, siendo coherentes con nuestros valores e identidad.

Cuando llevamos a cabo acciones que nos permiten cubrir estas necesidades, la alegría aparece instantáneamente. Por el contrario, si no las cubrimos, experimentamos diferentes niveles de malestar. En la sociedad actual existen múltiples maneras de cubrir esas necesidades. Podríamos pensar que esa multiplicidad es favorable, dado que nos da más posibilidades para conseguir dicho cumplimiento. Sin embargo, algunos expertos no están de acuerdo. En la siguiente entrada profundizaremos en esta aparente contradicción.