Esteban lleva un año dedicándose a la música. Ensaya todos los días, al menos seis horas y toca dos veces por semana en el local de un amigo. También busca la oportunidad de tocar en otros sitios. Siempre ha creído que lo más importante para un artista es mostrarse ante el mundo como es, sin maquillajes. Odia a las personas que crean un personaje para vender su música. De hecho, para él, no son artistas.

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Fotografía de Jacek Dylag en Unsplash

Últimamente, Esteban se siente triste y está bastante preocupado. A lo largo de este año no ha conseguido que su música llegue a más gente. Tampoco tiene seguidores fieles de su trabajo. Sus allegados le han sugerido que sería adecuado diversificar su música. Podría probar otros estilos o combinar sus creaciones más personales con otras que lleguen a más gente. Sin embargo, esto es impensable para él, dado que “dejaría de ser él”. No cree que haya solución. Sencillamente “la gente no lo acepta”.


Nuestras creencias actúan como filtros para percibir e interpretar el mundo. Guían nuestra atención, marcan aquello que consideramos importante y nos ayudan a identificarnos con las acciones de otros, con determinados símbolos culturales. En definitiva, con todo aquello que sea coherente con nuestra identidad.

Aunque este proceso es totalmente normal, en ocasiones promueve la aparición de dificultades en la vida diaria. Éstas aparecen cuando nuestras creencias se hacen rígidas y no admiten ningún cambio. Esta situación choca de lleno con una realidad cambiante, en la que las interpretaciones rara vez obedecen a criterios absolutos. Esto lleva a las personas a actuar según sus construcciones internas, en lugar de conforme a la experiencia. Lo anterior no implica abandonar nuestros principios.

La identidad es muy importante, le da un sentido de continuidad a nuestra vida, de pertenencia y significado. Sin embargo, esta identidad no tiene por qué ser rígida. Sherry Turkle, se refiere a esta identidad cambiante como «yo proteico«, un concepto muy relevante en el estudio de las tecnologías digitales. En el campo de la salud mental, la capacidad de modificar y adaptar nuestras creencias y acciones en respuesta al ambiente, se denomina flexibilidad psicológica. Este concepto guarda una gran relación con la evitación experiencial, una característica compartida por muchos trastornos psicológicos y que sirve de base a la Terapia de Aceptación y Compromiso.

No adaptarnos al ambiente nos lleva a la frustración y el sufrimiento. Aprender a conjugar el cumplimiento de las demandas ambientales con nuestros anhelos, necesidades y principios es un proceso muy complejo. Pero es un proceso necesario para una adecuada salud y calidad de vida. No existe una única estrategia para alcanzar un objetivo, ni un único objetivo para alcanzar el bienestar. Seamos más flexibles para ser más felices.