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Fotografía de Mia Moessinger en Unsplash

La madre de Marta siempre ha sido un referente para ella. Una mujer muy cualificada académicamente, que consiguió montar una empresa y que creciera hasta dar empleo a más de 40 personas. Le inculcó desde pequeña que ella debía ser una persona fuerte y con confianza. Debía ser una líder. Esos mensajes aparecían en la mente de Marta, que se los repetía a sí misma y procuraba comportarse acorde a ellos. La semana pasada, Marta acudió a una entrevista de trabajo. Mientras esperaba para entrar, se repetía que era capaz de hacerlo, que era una mujer fuerte y decidida. Cuando entró a la entrevista, expuso su currículum con soltura. También explicitó que estaba dispuesta a asumir responsabilidades y que, aunque nunca había trabajado previamente, se sentía capacitada para el puesto.

Cuando Marta salió de la entrevista, entró Sara.

Sara era una estudiante excelente. La nota más baja de su expediente era un 8.7. Se esforzaba mucho y era muy trabajadora. Desde joven había trabajado en la pequeña tienda de su familia y entendía lo difícil que era mantener el negocio. Precisamente por conocer esas dificultades, Sara se mostraba insegura ante determinadas situaciones, especialmente cuando había variables que no podía controlar… Prefería ser cauta que sobrestimar sus capacidades y luego desilusionarse. Cuando entró a la entrevista, manifestó que tenía muchas ganas de aprender y que, aunque desconocía muchas cosas del negocio, procuraría ponerse al día rápidamente.

Cuando terminaron las entrevistas, las tres personas que conformaban el jurado para el puesto lo tenían claro: Marta era la persona adecuada.


¿Alguna vez te has preguntado en qué medida nuestra actitud condiciona nuestras oportunidades?

El sistema cognitivo humano tiende a utilizar muy poca información para establecer juicios acerca de las personas. Esto da lugar a lo que conocemos como efecto halo. Este sesgo cognitivo consiste en atribuir habilidades o destrezas a una persona, simplemente basándonos en unas pocas características. Esto ha ocurrido en el caso de Marta. Su discurso seguro hizo que el jurado la percibiese como una persona muy capacitada, a pesar de que Sara poseía unas mayores calificaciones académicas y experiencia laboral previa. Estas situaciones han dado lugar a la búsqueda de sistemas de control en la selección de personal.

Además, estos sesgos no dependen únicamente de variables personales o de las características del puesto. La autoestima o la seguridad en uno mismo, están mediadas por procesos de aprendizaje que ocurren a lo largo de nuestra vida. Como ejemplo, un reciente estudio ha puesto de manifiesto diferencias en cuanto a la clase social. Las personas de clases sociales elevadas, en comparación con personas de clases sociales inferiores, muestran una mayor confianza en sus respuestas ante diversas tareas. Consideran que su rendimiento es superior al de otras personas y sobredimensionan sus capacidades para hacer frente a las demandas del entorno.

A pesar de que esto puede darnos una visión muy negativa de los procesos de selección, también esconden una faceta positiva. Tener seguridad y creer en las capacidades propias, son características muy positivas y pueden ser aprendidas. Si alguna vez te das cuenta de que estas variables están influyendo negativamente en tu vida, busca ayuda para optimizar esos aspectos. Las oportunidades pueden aparecer en cualquier momento y cuantas más herramientas tengas, más posibilidades tendrás de aprovecharlas.