Este año se cumplen 50 años de los disturbios de Stonewall, hito histórico que marcó el comienzo de la lucha de los derechos de las personas LGTB+. Por este motivo, el lema del Orgullo 2019 es «Mayores sin armarios«, dedicado a todas las personas que pelearon (y aún siguen haciéndolo) por la igualdad de derechos. Dentro del colectivo, los mayores LGTB+ están tremendamente invisibilizados y son una parte muy vulnerable de la población.

Para acercarnos a esta realidad, contamos con el testimonio de Lorenza Machín, una mujer activista lesbiana de 73 años, que ha querido colaborar con nosotros en esta entrevista. Lorenza, natural de La Isleta, ha vivido la mayor parte de su vida en Fuerteventura. Desde hace tres años, ha vuelto a su Gran Canaria natal, dando otro de los espectaculares giros que han marcado su vida.

¿Cómo vivió y recuerda sus años de juventud?

Tuve que dejar la escuela con 11 años para ayudar en casa. Yo era la segunda de una familia de ocho hijos, con lo que tuve que ponerme a trabajar limpiando casas y haciendo mandados. A los 15 años me comprometí, sin saber nada de la vida todavía y con un deseo muy grande de ganar mi libertad. Años después me casé, embarazada por aquel entonces, soñando con tener un marido y ser la reina de mi casa. Pensaba que la vida era eso, servir al amo y ser la señora de la casa.

Mi familia estuvo muy marcada y fue perseguida por su ideología política. Este carácter rebelde que he tenido siempre también se afianzó con el paso del tiempo. Recuerdo una situación que con el tiempo se convertiría en una de mis protestas más importantes. Mi padre estuvo 11 años trabajando como telegrafista para los militares, pero enfermó y tuvieron que operarlo. Estuvo meses ingresado y cuando se puso enfermo lo echaron a la calle como si nada. Sin una seguridad y con toda una familia que mantener. Mi abuela paterna nos crió a muchos como si fuera nuestra madre.

¿Cómo describiría su matrimonio desde tan joven?

Pues fueron 6 años de noviazgo y 38 de matrimonio. Tengo una hija y un hijo maravillosos y lo principal que hubo siempre fue el respeto. Todo ese tiempo transcurrió entre luchas externas. Las familias de los dos eran de gente de izquierdas, con lo que aprendimos a caminar juntos y a compartir luchar comunes. Muchas veces tuvimos que abandonar nuestra vida personal para luchar por los colectivos (sindicatos, el comienzo de Comisiones Obreras, etc.). Gracias a las luchas te ganas mucho respeto y la imagen de alguien inquebrantable. A lo mejor esto también tuvo que ver con que yo no viera mi propia realidad. No quería tirar abajo ese lugar en el que me habían puesto.

Estoy muy agradecida a radio ECCA. Cuando tenía 20 años, empecé a escuchar las cintas por la radio y practicaba a la luz de una vela. Un tiempo después, con mucho esfuerzo y sacrificio, conseguí sacarme el graduado. A medida que mi hijo iba creciendo, mi lectura se iba transformando. De chistes y novelas rosa, fui entrando en el mundo de lo social, lo político y lo que realmente me decía algo. Me repetía a mí misma que tenía que enseñarle a mi hijo lo que no me han enseñado a mí.

¿En qué momento te diste cuenta de tu orientación sexual?

Pues desde hace 14 años lo acepto como parte de mi realidad y de quien soy. De todas formas, yo me separé hace 16 años ya. En el año 82 se abrió el hospital de Fuerteventura y comencé a trabajar allí, ya que yo había estado en las manifestaciones luchando para que se abriera. Unos años después, me preparé para convertirme en auxiliar de enfermería y me mandaron a maternidad. De lo que yo no me había dado cuenta todavía, se dieron cuenta ellos. Yo bebía los vientos por cuidar de las mujeres y por defenderlas.

Hubo un episodio que me hizo sentir muchas cosas. Mientras trabajaba en el hospital, tuve un flechazo con la familiar de un paciente. Una palabra de ánimo y una caricia de agradecimiento fueron suficientes para que se me acelerara el pulso como nunca. Luego ella se marchó a su país, porque estaba de vacaciones y nunca más la vi. Las cosas del enamoramiento, que nunca hay nada escrito.

¿A nivel familiar hubo algún problema?

Todo lo contrario. Tuve muchísimo apoyo por parte de mis hijos. Con el divorcio, me dijeron que lo veían venir y que había tardado mucho en dar el paso. Querían que fuera feliz y no querían verme llorar. En cuanto al tema de mi orientación sexual, se aceptó con mucha naturalidad. En mi casa y en la del padre de mis hijos, siempre se ha sido muy abierto y muy respetuoso con las personas que fueran sus parejas, independientemente de lo que tuvieran entre las piernas. La libertad para querer y el respeto son valores muy importantes para nosotros.

Viví una historia muy bonita hace años con una chica con la que compartía aficiones. La relación terminó y yo me quedé muy triste, pero me inspiró mucho. Desde entonces no he dejado de escribir poemas dedicados a las mujeres. A partir de ese día seguí saliendo a la calle, para reivindicar mis derechos, como he hecho siempre, pero ya con mi propia realidad por bandera.

¿Has sufrido algún tipo de acoso callejero?

Debido a mi orientación sexual, no. Pero sí que se me ha perseguido muchas veces por mi ideología de izquierdas, por sindicalista y por feminista. La lucha feminista es la lucha de los derechos humanos. Para que se respeten los quereres de todo el mundo, independientemente de sus genitales y de a quién amen.

¿Qué la ha llevado a colaborar activamente con asociaciones LGTB+, como Algarabía o Gamá?

Muchas veces escucho a gente que dice: «pero si ya lo tienen todo…». Eso no es cierto, nada cierto y además es muy injusto. Tenemos derecho a nuestra propia libertad, a vivir, decir y amar a quien nos dé la gana. Se ha conseguido mucho en nuestro país, pero solo tenemos que mirar un poco fuera de España. Cuántos casos hay en los que se asesina a personas por el simple hecho de querer a alguien, por tener sentimientos, ¡con lo bonito que es eso!

¿En qué ámbitos tendrían las asociaciones que volcarse más?

En las personas mayores. En los centros de mayores hay que dar mucha formación. Si no se enseña a los que trabajan allí, la gente acaba sus días volviendo a un armario del que a lo mejor nunca se han atrevido a salir. Personalmente, me alegró mucho que este año se dedique a los mayores. No obstante, a mí me preocupa que todas esas personas que viven en esos centros tengan un final agradable y digno. Que no se permita que se les ponga en habitaciones individuales si quieren estar juntas.

Otra reflexión que me gustaría añadir sobre las asociaciones es que no deberían de dividirse tanto, sino luchar juntos y unidos. Parece que cada vez hay más segregación, cuando lo que debería haber es más unión y apoyo entre todas y para todas esas personas.

¿Tiene algún proyecto entre manos que quiera compartir con nosotros?

Pues estoy escribiendo mi historia, en una libreta y a mano. Me gustaría terminarla cuanto antes, pero no tengo intención de editarla. Tengo claro el momento en el que esa historia termina y se la pasaré a mis hijos. Mientras tanto, sigo escribiendo poemas y alguna historia paralela que considero que necesita ser contada.

¿Qué es lo que más valora en su vida actualmente?

Estoy viendo a pasos agigantados la destrucción de todo y esto me da miedo. Lo que más valoro es el amor, el respeto y la humildad. Pero, sobre todo, el amor. Y no te hablo sólo del amor de pareja, sino del amor en general. Llevo ya más de un año y medio con mi mujer y espero que siga así por mucho más tiempo. Nos hemos encontrado en un punto de nuestra vida en el que ambas pensamos que ya lo que nos quedaba era la soledad. Y no te haces una idea de lo feliz y plena que me siento con ella.

¿Alguna reflexión que le gustaría añadir para terminar?

Me quedo con reforzar la idea de la lucha unida, que no nos distanciemos tanto y en seguir avanzando juntos. En un viaje a Cuba me traje un recuerdo que tenía escrito: «No vengas detrás que te pierdo, ni delante, que no te alcanzo. Mejor camina siempre a mi lado«.