Daniel pasó una noche terrible. Hacía meses que no dormía bien, la verdad. Se levantó alterado y no dejaba de pensar que no quería ir al trabajo. Pero no podía faltar de nuevo. Había dejado de ir el jueves de la semana anterior y empezarían a darse cuenta de que había faltado varias veces el mismo día. Además, ya no sabía qué decirle a Alba para no preocuparla. Anoche se sentó en la cama y le dijo que lo encontraba triste y nervioso. Así que se levantó intentando aparentar tranquilidad y se fue a trabajar con una sonrisa.

Acoso laboral

Fotografía de Nik Shuliahin en Unsplash

Había conseguido distraerse en el coche con la música. Pensó: «puede que hoy no sea todo igual«. Ese pensamiento no duró mucho. Al llegar a su mesa de trabajo se encontró con un vaso de café vacío sobre el teclado y medio dónut mordido sobre sus informes. Le dio miedo levantar la mirada y encontrar al culpable riendo al otro lado de la sala. Lo mejor era limpiarlo y atender al trabajo. Eso hizo y continuó con los informes, sin embargo, a sus oídos llegó un grito: «Tu zona de trabajo da asco. ¡Eres un guarro! Si vuelvo a ver algo así te puedes ir despidiendo de los sábados libres, seguirás librando entre semana«.

En su planta de trabajo había tres compañeros y cada semana recibían la visita del supervisor. Todos los jueves. Cada jueves desde que consiguió el trabajo, hace 4 meses, Daniel era objeto de burlas, amenazas de despido y obligado a servir a sus compañeros en tareas que retrasaban su trabajo semanal. Daniel no entendía por qué le hacían eso a él; siempre había intentado hacer su trabajo lo mejor posible. Se encontraba en un punto en el que no podía más. Odiaba ir al trabajo, no comía ni dormía bien y su cabeza no paraba de pensar en el próximo jueves.


En 2017 el profesor de Psicología y experto en Prevención de Riesgos Laborales de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), Pedro R. Gil-Monte, realizó un informe donde exponía que el 17% de las mujeres y el 15% de los hombres trabajadores de la Unión Europea han sufrido algún tipo de conducta violenta en el entorno laboral. Cuando esta violencia física y/o psicológica se da de una forma repetida y prolongada en el tiempo estamos ante un caso de acoso laboral, llamado también mobbing.

Cualquier persona puede ser víctima de mobbing, el cual tiene múltiples consecuencias en la salud de las personas que lo sufren. Se pueden dar alteraciones del estado de ánimo, dificultad para concentrarse, disminución del rendimiento en el trabajo, absentismo, alteración de los ritmos de sueño y alimentación y el miedo hacia la persona que acosa, entre otros. En algunos estudios también se ha relacionado el acoso laboral con la depresión. Como podemos ver, todas estos factores afectan al bienestar diario de la persona llegando a suponer gran problema en todos los ámbitos que la rodean (laboral, familiar, social, etc.).

En caso de estar pasando por una situación de acoso laboral o ser testigo de una, recomendamos consultar los protocolos de tu empresa de manejo de la violencia en el trabajo. En caso de no existir dichos protocolos, dejamos el enlace de una página informativa que recoge las vías legales que están disponibles: ¿Qué hacer si, como trabajador, sufro una situación de acoso laboral?