Al entrar en el ascensor, Luis notó la presión en el estómago que había sentido cada día durante la última semana. Volvió a revivir la primera discusión con su jefe, sus gritos y su amenaza de echarle del trabajo. Escuchó de nuevo en su cabeza esa voz, que buscaba las razones para que aquello hubiese ocurrido. Visualizó cómo aparecían escenas de su pasado en las que su trabajo había sido menospreciado. Recordó incluso aquella vez en el instituto en la que su profesor de tecnología le había suspendido tras semanas de trabajo, sólo por un pequeño error durante la presentación de su proyecto. Revivió las risas de sus compañeros, la presión en su estómago y el sudor resbalando por su frente. Entonces apareció en su cabeza la primera vez que fue rechazado en una entrevista de trabajo. Al momento llegaron también la segunda y la tercera vez que esto ocurrió.

En el trayecto entre la planta baja y la cuarta planta, su mente recorrió todos y cada uno de los momentos en los que había sentido aquella presión en el estómago. Estableció razones para que esas situaciones hubiesen ocurrido y creó relaciones entre ellas y lo que Luis estaba viviendo en su trabajo actual. Cuando se abrieron las puertas del ascensor Luis esperaba encontrarse a su jefe, gritándole y recordándole lo inútil que era. A fin de cuentas, tenía razón, o al menos eso era lo que escuchaba sin parar en su cabeza. Luis intentó salir del ascensor, pero no podía moverse.


En la historia anterior podemos ver como una reacción emocional se asocia de forma muy intensa a sensaciones corporales. Además, éstas se ligan íntimamente a experiencias previas, en las que hemos sentido sensaciones similares. Este mecanismo tiene una importante función evolutiva. Nos permite predecir qué ocurrirá en función de lo que hemos vivido y señala si dichas expectativas son gratificantes o aversivas para nosotros. Se trata de un potente mecanismo para la supervivencia, pero genera muchos problemas en la vida social.

Si nos detenemos en la historia de Luis, vemos que su reacción no obedece a los gritos de su jefe. Se debe a todas las situaciones que ha experimentado en las que ha sentido cosas similares. Esto incrementa la intensidad de su reacción y lo impulsa a actuar de una manera determinada: parálisis (una de las manifestaciones de la respuesta ante el miedo).

Los abordajes de tratamiento que inciden sobre la gestión y modulación emocional hacen hincapié sobre este tipo de asociaciones. Además, buscan incrementar el conocimiento de las personas sobre el mecanismo que siguen sus respuestas emocionales. Esta capacidad para conocer, comprender y elegir cómo reaccionar, en lugar de dejarse llevar por las sensaciones, es una característica básica de la correcta gestión emocional.

Si experimentas situaciones como la de Luis, te cuesta tolerar tus reacciones emocionales o producen interferencia en tus actividades diarias, es aconsejable que busques ayuda profesional. Elegir entre actuar de manera automática y actuar decidiendo cómo hacerlo, depende de aprender estrategias y aplicarlas. Nunca es tarde para aprender y ser más libres en nuestras decisiones.