avión

Fotografía de James Coleman en Unsplash

 

Samanta era parte de los pasajeros que viajaban en el vuelo que salió en enero de 2019 del aeropuerto de su ciudad. Se disponía a ir de vacaciones a Madrid cuando minutos después del despegue escuchó un golpe. Al mirar por su ventanilla, vio uno de los motores ardiendo. No sabía qué hacer. Soltó un grito junto con otros pasajeros y empezó a buscar el móvil en su bolso, sólo quería escribirle a su hija. En ese momento el piloto les avisó de que iban a realizar un aterrizaje de emergencia, para que se abrocharan el cinturón y permanecieran en calma. Samanta se encogió sobre si misma pensando que iba a morir. Afortunadamente, el avión llegó a tierra con toda la tripulación y los pasajeros a salvo, aunque Samanta no recuerda exactamente cómo ocurrió.

 

Había pasado algo más de un mes desde el accidente cuando Carlos, el marido de Samanta, intentó convencerla de que acudiera a un psicólogo. Estaba muy preocupado por ella. La veía muy cansada, Samanta no conseguía conciliar el sueño y cuando al fin se dormía, tenía pesadillas horribles de las que se despertaba llorando. Cada vez salía menos de casa. Al principio intentó hacer vida normal pero la asaltaban recuerdos e imágenes, o el sonido del motor en llamas. Se negaba totalmente a volver a subir a un avión o acercarse al aeropuerto siquiera. En una ocasión se animó a dar un paseo ella sola, aunque iba alerta esperando que ocurriera alguna desgracia. De pronto, escuchó el petardazo del motor de un coche antiguo. Lo siguiente que recuerda es estar tirada en el suelo protegiéndose la cabeza. Samanta estaba aterrada y vivía con un miedo constante, asediada por los recuerdos. No tenía descanso y se sentía culpable porque se enfadaba casi todos los días con Carlos, a pesar de que él sólo quería ayudarla. Así, cuando su marido le habló de buscar ayuda, ella aceptó. Ya no podía más.

 


 

Cuando una persona ha estado expuesta a un suceso traumático en el que ha experimentado la amenaza a su integridad o la muerte de otras personas y ha tenido una respuesta de miedo intenso, se puede desencadenar un trastorno por estrés postraumático (TEPT). Solemos asociar el TEPT a acontecimientos extraordinarios como puede ser un accidente de avión, una guerra o un agresión sexual. Sin embargo, es más importante la percepción de la persona sobre el suceso que la gravedad del mismo.

 

Nuestra protagonista ha desarrollado un TEPT y en la historia podemos observar algunas de las manifestaciones de este trastorno: reexperimentación del acontecimiento traumático a través de recuerdos, sueños y flashbacks; dificultad para recuperar algunos recuerdos del suceso traumático, evitación de lugares o actividades relacionadas con él, hipervigilancia y respuestas exagerada de sobresalto. Se trata de un trastorno incapacitante que afecta al día a día de las personas que lo padecen.

 

Parte del tratamiento psicológico del TEPT consiste en la exposición gradual a los recuerdos, sentimientos y situaciones relacionados con el evento traumático. Esto es algo que sólo puede realizar un profesional de la Psicología altamente formado. Si estás en esta situación, queremos que sepas que hay oportunidades de mejorar tu calidad de vida.