Todos conocemos la historia de Pinocho. Un carpintero, llamado Gepetto, deseaba tener un hijo y crea a una marioneta a la cual llama Pinocho. Un hada le da vida a la marioneta de madera, diciéndole que podría convertirse en un niño de verdad si demostraba que era sincero, obediente y generoso. Pero Pinocho no resulta ser así. Se comportaba como un niño travieso, impulsivo y mentiroso. La parte más característica de este personaje es que, cada vez que miente, su nariz crece. Por lo tanto, todo el mundo sabe cuando dice una mentira.

Realizando una búsqueda en Internet, nos encontramos con muchos blogs y artículos que enseñan cómo mentir correctamente. Muchos de ellos te presentan los pasos a seguir: qué información incluir en la mentira, el comportamiento corporal que presentar al respecto,… Llegan al punto de aconsejar el practicar previamente la mentira que se va a contar.

En nuestra cultura el hecho de mentir es un comportamiento indeseable. Hace que merme la confianza de los demás hacia la persona que miente e incluso puede ser castigada socialmente por ello. Pero, ¿por qué una gran parte de las personas quiere aprender a mentir bien? La mentira es un instrumento imprescindible en el mundo social.

Imaginemos por un momento que nos sucede lo mismo que a Pinocho. ¿Qué pasaría? Pongamos un ejemplo:

Es el cumpleaños de Laura y ha organizado una cena en un restaurante con todos sus amigos. La cena está prevista desde hace dos semanas y Sara, la amiga de toda la infancia de Laura, se comprometió a ir. Sin embargo, cuando llega el día de la cena, a Sara no le apetece ir. Ha tenido un mal día en el trabajo, lleva muchos días cansada y algunos de los amigos de Laura no le caen bien. Así que decide llamar a Laura.

Si Sara decide ser sincera, va a tener que enfrentarse al conflicto que va a suponer su decisión. A Laura le va a sentar mal y comenzará una discusión que terminará con un malestar emocional para las dos.

Si Sara decide mentir y decir, por ejemplo, que tiene dolor de estómago, el malestar de Laura será menor y aceptará a regañadientes lo que ha sucedido, por lo que el conflicto será evitado.

En este caso la mentira ha sido útil ya que le ha evitado a Sara una discusión más grave con su amiga. Pero imaginemos por un momento que a Sara le pasara lo mismo que a Pinocho y que hubieran detectado su mentira. La confianza de su amiga hacia ella se habría reducido, lo cual implica que, en un futuro, cualquier información que Sara fuera a decir será puesta en duda.


En la investigación se ha encontrado que hay cuatro tipos de mentiras: ocasionales, frecuentes, delicadas y compulsivas. Las mentiras ocasionales suelen ser contadas por gente que habitualmente no miente y, cuando lo hacen, se sienten culpables. Las mentiras frecuentes son propias de gente que miente todos los días, pero esas mentiras se elaboran mal, ya que todo el mundo sabe que están mintiendo y no les creen. Las mentiras llamadas “delicadas” las llevan a cabo personas que mienten muy bien, pero que son conscientes de que están diciendo una mentira. Y, en último lugar, las mentiras compulsivas las emplea la gente que no tiene porqué usarlas, pero no tienen control sobre el hecho de mentir (incluso en el punto en el que decir la verdad tiene mucho más sentido que mentir).

Se han encontrado diferentes motivos por los cuales la gente miente, pero casi todos ellos tienen como objetivo evitar la consecuencia negativa que supondría decir la verdad (a excepción de las mentiras compulsivas). En el caso de Sara, quería evitar que su amiga se enfadara con ella y también una situación que le resultaba incómoda.

Al final, el contar una mentira no se diferencia de otros comportamientos sociales que presentamos. En ocasiones, la conducta de mentir puede tener como consecuencias el salir airoso de una situación, pero también tiene otras repercusiones, como el riesgo de que descubran que estás mintiendo. Del mismo modo que contar la verdad tiene consecuencias negativas y positivas.

La mentira no es más que una estrategia dentro de la interacción social. Usarla correctamente permitirá una mayor adaptación al medio y una mayor calidad de nuestras interacciones.