Sonia ha recibido duras críticas en su trabajo durante toda la semana. Se ha equivocado en la realización de un proyecto que involucraba a un amplio conjunto de compañeros, por lo que ha sido criticada por un gran número de personas. Ante esta situación, Sonia ha experimentado una profunda tristeza.

Imaginemos, por un instante, que podemos observar el curso de pensamiento de Sonia a partir de este punto, ¿cómo sería?


Rumiación

Fotografía de Ben White en Unsplash

La tristeza activaría pensamientos y recuerdos coherentes con el estado emocional de Sonia. Comenzaría a sentir malestar, por lo que buscaría la manera de controlar esas representaciones mentales. Sin embargo, al intentar frenarlos, centraría su atención sobre ellos. Esto provocaría que comenzara con un discurso interno repleto de expresiones como “eres una inútil”, “siempre te pasa lo mismo”, “nunca vas a conseguir que te respeten en tu trabajo”, etc. Estos mensajes se repetirían de manera constante, generando un proceso que en Psicología recibe el nombre de rumiación.

Hasta hace algún tiempo, se pensaba que la frecuencia de pensamientos negativos y la rumiación asociada, eran características de los trastornos mentales. Se ligaba todo a la activación de creencias disfuncionales, siguiendo el modelo tradicional de la psicoterapia cognitiva. Algunos planteamientos actuales ponen de manifiesto que este tipo de pensamientos y mensajes desagradables son experimentados por la mayor parte de la población. No obstante, existe una diferencia en la manera de afrontarlos. Mientras que algunas personas, como Sonia, centran su atención en esos mensajes (aparece la rumiación como un afrontamiento inadecuado de la situación), otras personas pueden reflexionar acerca de lo que sienten y piensan. Lo que les lleva a analizar el contexto durante un corto periodo de tiempo para acabar redirigiendo su atención hacia el medio externo.

Entrenar la habilidad para redirigir la atención y observar nuestras conductas de manera adecuada es básico en todos aquellos casos en los que se presenta la rumiación de manera patológica. Esto ocurre en el caso de los trastornos del estado de ánimo, especialmente en la depresión.

Si alguna vez consideras que este tipo de estrategias de afrontamiento del malestar te están causando problemas y quieres aprender a hacerlo de una manera más sana, es aconsejable que busques ayuda profesional. Las técnicas de entrenamiento para modificar esos patrones del pensamiento existen y su utilidad ha sido ampliamente contrastada, acumulando progresivamente una mayor evidencia científica. El resto del proceso se refiere a tomar la decisión de cambiar y eso sólo te corresponde a ti.